Ibrahim Daumbia regenta un restaurante en Nema
(Mauritania). Bueno, esta seria la definición occidental de una
profesión tan digna como cualquier otra. El caso de Ibrahim se
resume, según la definición que daría el mismo,
en dar de comer a todas aquellas personas que pasen por su casa. Claro
está, que al módico precio de 600 Ouguiyas (2,50 euros)
el plato único con jarra de agua incluida: un enorme cuarto trasero
de cabra que parece escaparse del plato con cous-cous. La conversación
se funde con el calor del mediodía, mientras intento atacar el
plato por todos sus flancos. Ibrahim curiosea mis cámaras de
fotos y el cuaderno de notas que lleva en la portada un dibujo de las
dunas del Sahara bajo el titulo Mauritania 2004. En él ojea las
páginas llenas de notas y dibujos, leyendo aquellos fragmentos
en francés y algunos de los que entiende en castellano o catalán,
ante mi mirada de complicidad y curiosidad por su curiosidad. Ibrahim
tiene 23 años, es de Malí, de la región de Sikasso,
pero ha recorrido casi toda África, aunque dice que a su pesar.
Ahora se siente Mauritano, del país que le ha acogido, le permite
vivir y donde tiene maravillosos amigos.
-¿Tienes más cuadernos de otros
países?
- Sólo alguno más. Suelo apuntar
el nombre del país en el que estoy y el año cuando empiezo
un cuaderno nuevo. Tengo algunos donde pone Senegal, Argentina, Canadá
y muchos de Barcelona. Donde vivo. Tú, vives aquí. Pero
me parece que no eres mauritano.
-No, soy de Malí, de la región de
Sikasso. ¿La conoces? Hace cuatro años, más o menos,
me fui con un geólogo canadiense de la empresa para la que trabajaba
en la minas de oro. Quería que le acompañase para contratar
trabajadores en los poblados para hacer prospecciones de oro.
-¿Y que haces en Nema?
-Me quede aquí por que ya no me necesitaban
después de recorrer varios países africanos. Volvían
hacia Nouakchott para coger el avión y volver a Canadá.
Yo no quería ir hasta la capital, pensando que estaría
más cerca de Mali, pero decidí quedarme por aquí
un tiempo y ya ves. Llevo algo más de un año.
- Seguro que conoces muchos más que yo.
Solamente he visitado Marruecos, Sahara Occidental, Mauritania, Senegal
i Gambia.
Pues mes parece que si. Estuvimos tres años
viajando por Senegal, Gambia, Burkina Fasso, Sierra Leona, Guinea Bissau,
Liberia, Costa de Ivory, Ghana y la Republica del Congo. Creo…
que no me dejo ninguno. Ahora me siento de todos esos países.
Recuerdo que partimos de Sikasso el diez de enero de 2000, por que guardo
trozos de un calendario con las fotos que nos hacíamos Patrick,
el geólogo, y yo. Mi trabajo era acercarme a los pueblos que
habían en las zonas que Patrick selecciona para trabajar y contratar
a los obreros. Por cada uno de ellos, me pagaba medio dólar americano.
Recuerdo que si traía cinco, siete o nueve, decía que
solo tenía billetes de un dólar y me contaría los
cincuenta centavos para la próxima vez, aunque casi siempre se
olvidaba.
-Debiste ganar mucho dinero
- No, no. –se ríe- Pocas veces conseguía
convencer a más de diez o doce, que iba a buscar todas las mañanas
a los poblados y una vez en el campamento trabajaba con ellos. Les daba
las herramientas y les explicaba el cuidado que necesitaban con el cianuro.
Como usar las máscaras y los guantes, a lavarse rápidamente
si se mojaban con los productos químicos…
-¡Cianuro! Pero es peligroso. Supongo que
cumpliríais unas normas muy estrictas para trabajar.
-Si. Bueno, más o menos. Muchos de los
que trabajaban se marchaban al cabo de una semana o dos. No podían
soportar el olor, incluso hubo alguno que tuvimos que acompañarlo
a un hospital por que se asfixiaba. En Ghana tuvimos que salir corriendo
con un Ashanti en busca de un hospital, un hombre muy mayor que no entendía
nada de lo que decía. Respondía a todo que si con la cabeza
y acabó quemándose las manos con el ácido.
-¿Cómo trabajabas para encontrar
los yacimientos o las muestras de oro.
- Seleccionábamos unas parcelas de terreno
y excavábamos con picos y palas unos cuadrados de 5 metros de
largo y ancho aproximadamente. Sacábamos muestras de terreno
y los obreros rompían las piedras con mazas. Los trozos de piedra
se lavaban con cianuro y así Patrick podía hacer sus estudios.
Era muy reservado en su trabajo y sabía mantener muy bien las
distancias con el resto de los obreros. Nunca supe si en realidad había
encontrado oro en alguno de los cien campamentos que montamos y desmontamos.
Siempre era yo el que seleccionaba los obreros y el único que
trabajaba con las muestras recogidas, que posteriormente le entregaba
en unos bidones pequeños y él analizaba. Siempre lo hacia
en su tienda, sin que pudiésemos saber los demás si encontraba
aquello que andaba buscando.
Solíamos estar entre cuatro y seis meses
acampados en un mismo lugar, donde montamos unas cuabas para hacer la
filtración de la tierra. Cuando Patrick decidía que ya
tenía todas las pruebas que necesitaba, recogíamos el
campamento, pagaba a los trabajadores y nos marchábamos. Recuerdo
que en el Congo estábamos casi todas las noches en guardia. Unos
bandidos nos robaban las herramientas por las noches. Uno de los trabajadores
que habíamos contratado en un poblado del sur, se entero de que
buscábamos oro. Pertenecía a una pequeña banda
que hacia hurtos a turistas y con nosotros se les abrieron los ojos.
Nos perjudico bastante, y después de seguirnos por casi todo
el país tuvimos que abandonarlo, para ir Burkina Fasso.
- ¿Estabas tu solo con Patrick?
- Éramos un equipo de cuatro. Mohamed y
Sekou eran Fulanis de Mali, igual que yo, pero me parece que de Gaó,
una ciudad más al norte cerca de la frontera de Niger. También
trabajaban conmigo en las minas de Sikasso y los contrataron como conductores.
Se encargaban de conducir los dos camiones, montar y desmontar el campamento
cada vez, además de trabajar picando piedras. Eran como un matrimonio,
ja, ja. Iban juntos a todas partes, dormían juntos y se peleaban
entre ellos o bailaban por las noches alrededor del fuego, únicamente
los podías ver solos cuando conducían cada uno de los
camiones.
A veces se metían en líos en casi
todas las ciudades grandes en las que estuvimos. Se ponían a
comprar cualquier cosa para venderla en la próxima región
o país que visitábamos. En Sant Louis, en Senegal, pretendían
vender un montón de arbustos dentro de unos grandes rollos que
querían hacer pasar por tela de primera calidad de Costa de Ivori.
Les pillaron por que pesaban poco y estuvieron a punto de darles una
buena tunda. Ellos se quedaron en Senegal con un familiar poco antes
de venirnos hacia Mauritania.
-¿En que país te hubieses quedado
de todos lo que visitaste?
No lo se. En todas partes estaba bien. Senegal
era de los que más me atraían por que podías ir
a todas partes sin pasar por controles de policía ni tener miedo
por que te asaltasen en cualquier sitio. Yo me sentía de cada
uno de esos países y no me importaba muchos que nombre tuviese.
Ahora me gustaría ir a Europa y trabajar de jardinero, por que
aquí, como ves no hay muchas posibilidades para ese tipo de trabajo
en el desierto. Mi padre me enseño todos los secretos de las
plantas. Los que servían para curar, las que se podían
usar de condimento para las comidas.
Mucha gente que viene por aquí me ha hablado
de España. ¿Por qué Barcelona esta en España?
Que el clima es muy bueno y hay plantas y bosques de todo tipo. Creo
que es un sitio donde podré ir cuando ahorre un poco de dinero.
Las comidas que sirvo me dan bastante para vivir y poder guardar algo
con lo que pagarme el viaje. En Kifa hay un hombre que cuando quieres
ir a Europa te vende un billete para un coche que sube hasta Marruecos,
donde puedes coger un barco hasta Canarias o España. ¿Tú
sabes como se puede viajar fácilmente?
- No lo se muy bien, pero creo que es bastante
difícil por los papeles para entrar en España.
Nema, mayo de 2004